Cuento de Navidad 3º Primaria Jesuitinas

Castillonuevo 14/11/1999

Érase una vez, que era… Una niña, que vivía junto a su madre, en Castillonuevo, un pequeño pueblo de las montañas de Navarra. Donde el día que más gente había en el pueblo, era el día de sus fiestas patronales. Ese primer fin de semana, de agosto, los 16 habitantes del pueblo, más los casi 200 visitantes que se acercaban a la localidad, salían a disfrutar de sus fiestas en honor a su patrón, San Martín. En torno a su pequeña plaza, donde disfrutaban del baile. El pueblo, no era muy grande. Pero lo que sí dejaba bien claro que el pueblo estaba en fiestas era el esmero, con el que aquellos 16 habitantes decoraban sus dos calles y resto de callejones. Que formaban la pequeña localidad. Esos días sus habitantes y visitantes bailaban en la plaza del pueblo y jugaban al mus, mientras los más pequeños se disfrazaban, y con cuatro globos, el juego de las sillas y alguna que otra travesura pasaban el fin de semana, de fiestas. En Castillonuevo todo el mundo se conocía… Pues todos, eran familiares, directos o indirectos. Julia, la mamá de Olaia, era prima de la madre de su amigo Javier, que era dos años menor que ella. Mercedes, que era una mujer muy mayor, como casi todos los habitantes del pueblo. Era la abuela de la mamá de Olaia y de Javier. Y a la vez, era la bisabuela de otro niño, que habitaba en el pueblo, Juan. Que a su vez era hermano de Izaskun.

Izaskun, era una niña de 8 años, alta y delgada como una espiga, con unos pequeños y preciosos ojos verdes. Que solo se dejaban ver cuando el aire, movía, su brillante melena rubia, y despejaba su frente. Izaskun tenía el poder como las retamas, en el campo, de hacer que su presencia fuera nota de alarma con el resto de sus convecinos.

Su fama de traviesa llevó a su hermano, como el resto de sus amigos, que eran 4. Hartos de recibir patadas, insultos, cuando no ganaba o se hacía lo que quisiera ella. A tomar la decisión de no llamarla para compartir sus juegos, cuando salían a la calle. Por lo que Izaskun, se quedaba en casa, maquinado alguna trastada, mientras les miraba desde la ventana. O salía a buscar, animales al campo, para su colección.

Buenos días, Izaskun -, le dijo, su tía, cuando se dirigía al campo, a recoger unos tomates-Este año, como sigas así, Papa Noel, no te va a traer ningún regalo. Estás haciendo muchos méritos para que no se acuerde dónde vives. Me da igual. No me gusta la Navidad. Y no creo en ese gordinflón.-Respondió la niña, mientras daba golpes con una vara al suelo- Quien se cree que es, -continuó diciéndole a su tía la niña- Sí. Viene en un carro, volando y empujado por unos renos. Y encima, con lo gordo que esta le da tiempo a repartir regalos por todo el mundo. Eso, no se lo cree nadie Jajajá -Rio, la niña, para añadir. -Además, nunca acierta. Todavía estoy esperando el balón que le pedí, cuando tenía 5 años. Y todos los años, me trae una muñeca.

¿Te has parado a pensar, que quizás, ese señor al que tú llamas gordinflón? Está intentando decirte, que te portes mejor con tu hermano, tus amigos, tu familia. Qué no hagas trastadas, que no me contestes mal cuando te digo algo que no te gusta. Que ayudes sin protestar, que hagas tus deberes cuando vienes del colegio… Y como no obedeces, te trae todos los años, una muñeca de trapo, para ver si aprendes la lección. Y cambias – Le dijo su madre, que estaba tendiendo las sábanas desde la ventana, para que se secaran al sol. – Me da igual, no creo en la navidad. Es todo mentira, Papa Noel no existe. -Dijo Izaskun mientras seguía dando con el palo al suelo- No creo en Papa Noel, si existiera yo le habría visto. O mi hermano, u Olaya, Juan, la tía, papá, o tu mamá. Y nadie lo ha visto. Nadie lo ve, porque reparte los regalos por la noche, cuando todos dormimos. Recorre durante la noche, todo el mundo, en un trineo cargado de juguetes, empujado por renos. Contestó la madre- Sí, ¿y cómo va a entrar en casa, si todos estamos durmiendo? ¿Tiene la llave de todas las casa? No, no tiene la llave de todas las casas. Pero sí, de todas, las que no tienen chimenea. Pues es por ahí, por donde entra y deja los regalos bajo el árbol. Sí, con lo gordo que está y lo viejo que es, va a entrar por la chimenea – dijo mientras se reía, Izaskun. A la vez, que comenzaba a andar hacia el camino.

No vengas tarde y no hagas ninguna trastada. Tengamos la tarde tranquila. Que te están vigilando los elfos y solo quedan dos días para que venga Papa Noel.-Le dijo su madre, que colocaba una pinza en la sabana, mientras la niña se alejaba por el camino que la llevaba al campo, en busca de algún que otro animal, para su colección de animales disecados. La tarde, cómo los días siguientes hasta la llegada de la Nochebuena, transcurrieron en un ambiente festivo, esperando la llegada de la navidad. Quitando alguna que otra discusión, con su hermano, por quien colocaba en la punta la estrella del árbol y, alguna que otra, mala contestación a sus padres. El resto fueron momentos, en los que reinaba la alegría, y la paz, tanto en casa como en la calle.

Izaskun como el resto de su familia, en compañía de sus tíos, sus abuelos. Un primo, que había venido de Pamplona, donde vivía con sus padres. Al que solo veía ese día y era mucho más mayor que ella y su hermano, cenaron la noche de Nochebuena en armonía, paz y felicidad. Disfrutaron de la conversación, las risas, las anécdotas del abuelo, que no eran pocas, los brindis durante la cena. E incluso, animada por la alegría de compartir un año más junto a su familia, alrededor de la mesa. La abuela cantó alguna canción navideña mientras el resto la acompañaba al sonido de una orquesta improvisada con los utensilios que se encontraban encima de la mesa. El abuelo, con una cuchara en la mano, que subía y bajaba contra una botella de anís, seguía el ritmo del tío Manuel, que se encontraba justamente a su lado, acompañaba el canto de la abuela, con los nudillos golpeando la mesa. A la vez, qué el resto de la familia, hacía lo mismo con sus voces siguiendo la canción. Mientras Izaskun, bailaba alegre, entre risas, he intentado tararear alguna estrofa alrededor de la mesa, con un gorro de cucurucho, sobre la cabeza, hecho por su padre, por la tarde, y que había mantenido sobre su cabeza durante toda la cena.

Y así, en alegría, cantando, bailando y brindando, llegó la hora de ir a acostarse. -Vamos Izaskun, vete a acostarte a la cama, que estas agotadica.- Le dijo su madre, que la veía como luchaba con sus párpados por mantenerse despierta, sentada sobre las piernas de su tía, a la vez que escuchaba atenta la historia de su abuelo, que hablaba sobre los ayudantes de Papa Noel. Izaskun, acabó de escuchar la historia, se despidió de todos sus familiares, uno a uno, con un beso, un abrazo y un, buenas noches.- Buenas noches, abuelo, buenas noches, abuela, buenas noches, papá….- Y en compañía de su madre, que la tomaba en brazos se dirigieron por el pasillo a su dormitorio. Donde ya hacía un buen rato, que dormía su hermano. Mamá, ¿eso, qué ha contado el abuelo, es verdad? preguntó Izaskun a su madre, mientras estale introducía el cuello de la camiseta del pijama por la cabeza. Claro que es verdad, Papa Noel, tiene muchos ayudantes. Él, solo, no podría llevar todos los regalos a cada una de las casas que hay en el mundo. Aquí, en España, tiene varios el Olentzero, que le ayuda con los niños del País Vasco y Navarra. El Tío Nadal con los de Cataluña, El Tientapanza con los de Sevilla, el Esteru con los de Cantabria o el Apalpador con los niños de Galicia, por ejemplo… Son algunos de sus ayudantes. Sí, pero entonces, ya no es tan extraordinario. Todos somos extraordinarios Izaskun. Las grandes cosas, las buenas acciones, son más mágicas, cuando todos ponemos lo mejor de nosotros mismos. Por ayudar a los demás a cumplir sus sueños. Aunque sea solo una vez al año, como hacen estos ayudantes de Papa Noel. Pero ese pequeño gesto, hace que todos los niños del mundo, cuando se despierten la mañana de Navidad, tengan un juguete nuevo con el que jugar. ¿Y yo, también soy extraordinaria? – Preguntó a su madre, mientras bostezaba y cerraba los ojos, tumbada sobre la almohada- Tú eres una persona muy bonita por dentro, un poco cabezona, rebelde, y malilla cuando no se hace lo que tú quieres…. Pero con un corazón muy bonito. Sigue así, alimentando tu corazón de acciones bonitas, como las vividas estos días- le dijo su madre, a la vez que besaba su cara dormida- Verás cómo un día, se cumplen tus sueños.- Te quiero, mamá-Yo también, cielo. Buenas noches, descansa y sueña bonito- Le contestó su madre, mientras se alejaba de la cama hacia la puerta. Apago la luz, salió de la habitación cerrando la puerta suavemente y continúo en dirección al salón a reunirse con el resto de la familia.

No había transcurrido una hora desde que se quedara dormida en la cama, cuando una luz brillante, entró en la habitación atravesando el cristal, colocándose sobre su almohada. La luz, cada vez se fue haciendo más grande y tomando forma de un pequeño ser de orejas grandes y puntiagudas, nariz gruesa, ojos saltones y medio encorvado. Shhiissss!!!He, despierta. !!! Sssssss. ¡Despierta!!!- le decía al oído, la figura de luz. He. ¡E… niña…!!! ¡Abre los ojos…!!! Continuaba mientras la tiraba de la oreja, sin que Izaskun se moviera.

 Mnnnn!!! -Izaskun movió los brazos y llevó sus manos hacia su oreja, con la intención de rascársela. He que me vas a tirar- dijo la luz, mientras intentaba esquivar los dedos, que iban directos a su cuerpo. ¡Que depierteessssssssssssssss…!!!Izaskunnnnnnnnnnn!!!! – comenzó a gritar mientras le movía la oreja. La niña volvió hacer la misma operación, pero esta vez fue más rápida, que la vez anterior, y desestabilizó a la luz, que cayó sobre su hombro, parando en la sabana. De un salto, subió indignado por la nariz hasta los ojos, a la vez que intentaba abrir las pestañas de la niña, que dormía como un tronco. -¡¡ ¡Oeeoo, eeeo!!!! ¿Me ves? Qué despiertes… Que nos tenemos que ir… Pero Izaskun seguía sumida en su sueño. -Vas a ver cómo vas a despertar ahora, niña dormilona – dijo la luz, mientras sacaba una pequeña flauta del bolsillo de su pantalón. Que comenzó a tocar desafinadamente en el oído de Izaskun.

Está, de repente, se reincorporó al escuchar las notas chirriantes de la melodía. Abriendo sus ojos. Mientras observaba una luz, que se posaba sobre sus rodillas. !!! ¡Ya es hora, que abras los ojos! Ya es hora que despiertes! Ya estamos fuera de hora!!!!.- Le decía la luz, que no paraba de señalar el reloj de bolsillo, que tenía sobre su diminuta mano. ¿Quién eres tú?, ¿qué dices de fuera de hora?… Le respondió Izaskun con los ojos abiertos como platos. Soy Elf. Como ves, soy un Elfo. Y trabajo para Papa Noel o Santa Claus, como quieras… El caso es que te tienes que venir conmigo. Por qué Papa Noel, quiere que nos ayudes en una de sus misiones… Y como tú, no crees en nada de esto de la navidad. Y menos en él, o en mí, o cualquiera de todos los ayudantes que tiene por el mundo repartidos. Eres la persona idónea para ayudarnos esta noche, en tan importante misión. Que no es otra, que acabar de empaquetar los regalos, y con un poco de suerte, ayudarnos a repartirlos. Pues Santa, se ha roto una pierna. Y no va a poder hacer lo que más le gusta, que es hacer feliz a los niños del mundo llevándoles sus regalos por muy lejos que estén. ¿Y cómo nos vamos a ir, si están mis padres en casa…? No me van a dejar…De eso, no te preocupes ahora… Ahora solo tenemos que ocuparnos, de salir cuanto antes… Cierra los ojos de nuevo, y repite conmigo… Pata pum Pat Pam que las…!!! ¡Hayyyy!!! Se me ha olvidado… Pata Pum pam… Que venga, se doble el tiempo. No, como era… PataPum pata Pam, da un salto parlante y, otro para atrás.

Y de repente, como por arte de magia, apareció en un lugar donde había muchos elfos trabajando en la realización de juguetes, unos hacían muñecas, otros coches, los había que hinchaban los balones, otros, pistolas de agua, y hasta bicicletas… Al fondo, un señor, de barba blanca, al igual que su cabello, vestido de rojo, sentado en una silla de ruedas, con la pierna escayolada, dirigía y daba señales a los elfos, que cantaban felices sin dejar de hacer su trabajo, para poder llevar un regalo a cada niño, esa noche… ¿Pero dónde estoy?,-acertó a decir la niña, a la vez que se frotaba los ojos con sus dedos. En un intento por entender lo que estaba sucediendo. Estás en la Ponía, -le contestó el Elfo, mientras la cogía de la mano, y la llevaba hacia el lugar donde se encontraba aquel señor con su gran barriga. Y que miraba detalladamente cada uno de los regalos, ya empaquetados con su lazo, y nombre del destinatario, para a continuación colocarlos en su respectivo saco, en un trineo, que tenía a su lado.

 ¡! ¡Santa!. Aquí está… Esta es la niña que no cree en la Navidad. Dijo el elfo, una vez se acercaron a su posición. ! ¡Hu.hu.hu! Así, que tú eres la rebelde, Izaskun. La niña que no obedece a sus padres, y está todo el día pegando a su hermano y sus amigos. Le dijo el señor, de barba blanca y barriga pronunciada, cuando la tenía frente a él. La niña, asombrada. No pudo articular palabra… ¿Estaba soñando, era realidad? ¿Era Papa Noel? Quien la hablaba con esa voz ronca que salía detrás de la barba blanca. Mientras sonreía. Todos sus pensamientos, sus creencias, habían desaparecido en un pestañear, tras el cabello rubio, que caía sobre su frente y cubría sus ojos. Ven acércate. No tengas miedo. ¿Sabes quién soy? Creo, que sí.- Acertó a decir la niña, medio tartamudeando, mientras se acercaba – Pero no estoy segura. Hasta hace una hora, que estaba escuchando a mi abuelo contar una historia… No sabía, y menos creía, que existías… Pero ahora, creo saber quién eres. ¿Eres Papa Noel? Acertó a decir en voz baja.- El mismo, jovenzuela, – dijo el señor, de barba y pelo blanco, mientras esbozaba una sonora carcajada y colocaba una caja envuelta en papel de regalo en uno de los sacos, que ponía África.

Y ¿sabes, porque te ha ido a buscar, Elf? Uno de mis más fieles y mejores Elfos. No- contestó Izaskun asombrada, que no dejaba de observar con cara de sorpresa todo lo que acontecía a su alrededor. Como los sacos, que a pesar de estar llenos de regalos, siempre había un hueco, para que entrara un paquete más, por muy grande que este fuera. Te he mandado a buscar, porque tengo una misión para ti, que creo, que no podrás rechazar. Ven, acércate ¡!- Le dijo Papa Noel, a la vez que estiraba sus brazos y la invitaba sentarse en sus rodillas.

Una vez sentada en su regazo, Izaskun aún con cara de sorpresa, incrédula por lo que estaba sucediendo. Le dio un pellizco al señor de barba blanca en la barriga. Con el fin de cerciorarse, que lo que estaba viviendo no era un sueño. ! ¡Ho, ho, ho! ¿Qué quieres saber, si soy real? Sonrió Papa Noel. ¿Si estás soñando? Perdón- dijo la niña mientras le miraba alucinada con sus ojos verdes- Veo, que todavía tienes dudas, a pesar de las evidencias. -Continuo Papa Noel. –

 Veamos si esto es un sueño. Repasemos cómo has llegado. Y para qué has venido aquí. -La niña seguía atenta, sin parpadear, cada palabra que salía de la boca del señor de pelo y barba blanca. – Uno de mis ayudantes, el Olentzero, me dijo que había una niña, que era un poco traviesa, mal educada y un poquito contestona. Que, además, estaba enfadada conmigo. Porqué llevaba tres años esperando un balón. Y cuando llegaba la mañana de Navidad. En vez de recibir lo que había pedido, se encontraba que su regalo volvía a ser el mismo, que años anteriores, una muñeca de trapo. Y que habías dejado de creer tanto en mí, como en la navidad. Es ¿eso Cierto? Sí-dijo la niña con voz suave.- Yo quiero jugar al balón, pero mis amigos, y mi hermano, no me dejan. Porque dicen, que pongo las normas, para ganar yo. Y ¿eso es así? -Pregunto Papa Noel, que observa atento mirando tras sus gafas las explicaciones de Izaskun. Bueno, a veces sí, pero no siempre… Es que, como es su balón… Ponen ellos las normas. Y no es justo. -se quejó la niña. – ¿Y es justo, que tú no hagas caso a tu mamá y les contestes mal a tus padres, hermanos, abuela? ¿Sigo? Le dijo Papa Noel –No -contesto Izaskun – Pero, pero…

No intentes justificar, lo que es injustificable, dijo Papa Noel. Debemos hacernos cargo de nuestros enfados, y nuestras malas acciones. Cuando actuamos mal con los demás, no podemos esperar que el resto actúe bien con nosotros. Y menos, enfadarnos, por qué no nos dan lo que pedimos. Porque primero, antes de pedirlo, deberíamos pensar, si lo merecemos.

La niña escuchaba atenta y relajada, cada palabra – ¿Cómo te sentirías tú, si te pegarán tus amigos? O ¿si te hablara mal tu mamá?- Mal – Respondió la niña. Yo sé, que estás enfadada conmigo, porque no te he dejado bajo el árbol, el balón de fútbol. Pero tenemos una forma de solucionarlo. ¿Tú estarías dispuesta a ayudarme a repartir los regalos por todos los países del mundo, para que ningún niño se quedara sin su regalo? Sí y ¿podría entrar en las casas por la chimenea? – Respondió la niña ilusionada- Claro. Porque esa será tu misión está noche. La de entrar por la chimenea y dejar los regalos bajo el árbol de navidad.

Izaskun rodeó con sus brazos a Papa Noel, y le dio un beso en sus rosados mofletes. – ¿Cuándo empezamos? -dijo la niña con una gran sonrisa que iluminaba su cara. ¡! Ho hoho!!! Río Papa Noel. Mientras la bajaba al suelo y sacaba un mapa con todas las casas, que tenían chimenea. Y por las que debería bajar Izaskun. Lo colocó sobre una mesa de cristal. Y a continuación comenzó a explicarla, cómo debería bajar por la chimenea, para no quedarse encajada en ella.

Mira, en primer lugar, una vez estemos encima del tejado, deberás dejarte caer sobre la chimenea…… Izaskun seguía atenta, con sus ojos verdes cada una de las instrucciones.- Y como me freno cuando esté dentro de la chimenea para no darme un golpe- preguntó la niña -¡! Hohoho!!Respondió Papa Noel mientras reía- Eso lo irás aprendiendo. Y con lo lista que eres tú, no te costará mucho… ¡! Santa!– Interrumpió Elf – Ya están todos los sacos listos con sus respectivos regalos. Muchas gracias por la información Elf–Acércate al establo y diles a Rudolf y sus compañeros, que cuando estén cenados y listos para emprender otra nochebuena más, el viaje más feliz de sus días. Que nos avisen. – ¡Ahora se lo digo!!- respondió Elf, mientras se dirigía dirección al establo- Y diles, que esta noche, tenemos una acompañante más, que espero que hayan cenado bien!! Hohoho- Se lo diré, se lo diré- se escuchaba a lo lejos al elfo, que metía el pie en una palancana con un agua, con la que estaban limpiando el trineo. Perdón. Perdón. Eso me pasa por no mirar.

Los dos comenzaron a reírse, como el resto de los elfos- Este Elf. ¡! ¿! Que simpático que es – dijo Izaskun- Bueno, no perdamos más tiempo y continuemos – Una vez qué llegues abajo y este el fuego encendió deberás… Dadas todas las instrucciones, estudiado el mapa, cenados, vestidos con sus mejores galas y, colocado cada reno en su lugar. Y después de volver a revisar Elf, que cada saco estaba cargado en su lugar correspondiente. Papa Noel, tomó a Izaskun en brazos y la subió al trineo. Para posteriormente, como siempre hacía antes de tan increíble viaje, fue saludando uno por uno a cada uno de sus renos

Buenas noches, amados compañeros- ¿Qué tal Rudolf, listo para dirigir otra travesía en la que llevar la alegría por el mundo? Claro que sí, con actitud, – le dijo a Cupido, que se miraba las patas ansioso, como el resto de sus compañeros, por emprender el esperado viaje. Papa Noel subió al trineo, se amarró fuerte el cinturón, cómo hizo con el de Izaskun. A la vez que lo hacía lo mismo Elf, que también iba sentado en el costado de la niña. Se puso sus guantes blancos, tomó las riendas, y tras nombrar uno a uno a sus renos.-! ¡Rudof, Trueno, Relámpago, Juguetón, Cometa, Cupido, Brioso, Bailarín y Acróbata! ¿Listos para emprender el vuelo…? Y con un -!¡Adelanteeeee ¡!! Con un su mano derecha, despidiéndose del resto de los Elfos, que se quedaban en la pequeña casa de la Ponia, emprendió el viaje dirección a las estrellas, dispuesto a repartir felicidad en cada uno de los hogares de la tierra.

 Su primera parada fue Oceanía, y sus islas. Al ser de los continentes más madrugadores. Y donde sale primero el sol. ¡! Vamos Izaskun, veamos, si has estado atenta. ¡! Ahí tienes tu primera casa – le dijo Papa Noel. Coge del saco los primeros cuatro paquetes – Izaskun, sacó cuatro paquetes, los introdujo en el saco, que tenía sobre su espalda. Y como le había indicado Papa Noel, comenzó a deslizarse hacia el tejado. Vamos que tú puedes –Le dijo el elfo, mirándola a los ojos. !¡Un poco más, a la derecha, lo estás haciendo muy bien!¡ – le indicaba Elf, por el costado del trineo! Así, muy bien, ya estás encima. Ahora déjate deslizar por la chimenea. Le decía Papa Noel dándole ánimos-. Izaskun comenzó a bajar por la chimenea con una sonrisa, que iluminaba la oscuridad de la noche. -Ten cuidado con el fuego- No había acabado de advertirla Papa Noel. Cuando salió disparada desde la chimenea hacia arriba, con una llama de fuego, encendida en su trasero. -Que me quemo, qué memo- Gritaba Izaskun. Ante las risas de Papa Noel y Elf, que la miraban como del salto, había logrado pasar por encima de ellos, para caer de nuevo, posando su trasero en llamas sobre la nieve, que cubría el tejado de la casa.¡! Ahhh qué fresquito, ¡! Uff cómo quemaba ¡! –

¿Bajo, yo Santa?- Le dijo el Elfo, que miraba a la niña como se reía tirada sobre el tejado. – Baja, a darle unas pautas. Pero Elf, que lo haga ella, que nadie nacimos aprendidos. – Asomo su cabeza por el costado, y le dijo a Izaskun- Ahora baja Elf, a ayudarte. Lo estás haciendo muy bien Izaskun.

El elfo bajo, más rápido que un rayo. Era un trabajo, que llevaba haciendo tooda su vida. Una vez llegado a la posición donde se encontraba la niña, que seguía con el trasero pegado a la fría nieve, le dio las instrucciones que había recibido de Santa – Recuerda lo que te dijo Santa, tienes que ir muy lento, cuando estén encendidas las chimeneas, debes de entrar por el costado de la derecha, no suele estar tan caliente. Porque por el centro, mira, como se te pone el pandero. No por ir más rápido, acabaremos antes.

Una vez, descendió con más calma, sin ningún altercado, y depositados los regalos debajo del árbol, de la primera casa, continuaron con la siguiente casa, y la siguiente, hasta completar todas las viviendas del pequeño pueblo. Donde dormían sus habitantes. – ¡Vamos! Subir ¡!, que hay alguna luz encendiéndose, a ver si nos van a ver – Les dijo Papa Noel, justo cuando salían por la chimenea de la última casa. Los dos ayudantes subieron hasta el trineo, entre risas, – ¡! Adelante Rudolf ¡! Dijo Papa Noel, a la vez que emitía su inconfundible sonrisa anunciando su llegada -!¡Ho, ho,ho ¡¡– y poniendo dirección al siguiente pueblo.

A medida que Izaskun acompañada de Elf, perfeccionaba la entrada por la chimenea, esquivando el fuego, no haciendo tanto ruido, cuando estaba la chimenea apagada, o tropezándose con los objetos que se encontraba en su recorrido por la casa, hasta llegar al árbol y depositar los regalos bajo él. Wwen! (sonido de un pato de goma)!! Shisss!!! Ten cuidado, que se va a despertar el perro- Le dijo el elfo, a Izaskun que había pisado un patito de goma, cuando se diría a dejar la montaña de regalos, que llevaba sobre sus brazos al árbol. Que no lo había visto, no veo cuando está oscuro.

Y así, poco a poco, casa a casa, la tarea encomendada fue cogiendo más rapidez y perfección. Esta es la última casa de Oceanía, ahora volaremos en dirección Asia. Le dijo elfo a Izaskun justo cuando se sentaba en el trineo. ! ¡Adelante Rudolfff¡!, Dijo Papa Noel, mientras tiraba de las riendas- ya has escuchado a Elf, dirección Asia, que los niños de ese continente nos esperan… ¡Ho ho ho!

Y dejando atrás el eco, de su risa, como la alegría, en cada uno de los rostros de los niños, al ver que Papa Noel, había dejado un regalo con su nombre esa noche en su casa. Pusieron rumbo a Asia. Una vez repartido todos los regalos en el continente Asiático, se dirigieron a Europa. Ya en España, visitaron Castillonuevo, el pequeño pueblo de Navarra, donde vivía Izaskun. Que, pensaba en voz alta- cómo me gustaría que me vieran ahora mi hermano y sus amigos. Iban a alucinar por colores.

Si ellos te vieran, se rompería la magia- Le dijo elfo. Eso es –continuo Papa Noel. Pero podemos hacer una cosa. Entra tú en tu casa. Y coloca en cada zapato su correspondiente regalo. – Izaskun bajó sigilosamente por la chimenea de su casa. Y aunque estaba encendida, no se quemó. Pues, después de algún que otro resbalón, ya había cogido cierta agilidad. Colocó uno a uno los paquetes en sus respectivos zapatos, y cuando llegó al de ella. Tentada por la curiosidad, en el momento que se disponía a ver lo que contenía el paquete, que le había entregado Papa Noel con su nombre. Observó cómo se encendía al fondo del pasillo, la luz de la habitación de sus padres. Volvió a colocar la caja al lado de su zapatilla, y subió por la chimenea sigilosamente hasta llegar al tejado. Donde la esperaba Elfo, – Verás cuando abran mañana sus regalos, qué felicidad te va a recorrer por el cuerpo.- ¡Ahora estoy muy feliz, creo, que no he estado así de feliz nunca! Dijo la niña, con un brillo en sus verdes ojos que iluminaba feliz su cara. Con la mirada perdida en la ventana de su vecina, a la que momentos antes había colocado una enorme caja junto a su zapato de charol.

¡Pues continuemos repartiendo alegría, por todos los hogares que todavía nos queda…! No había acabado de decir la frase. Cuando Izaskun lo interrumpió. ¿Ese que acaba de salir de esa casa, sucio de carbón y ataviado con una boina y una pipa, no era el Olentzero? El mismo. Así que continuamos señorita. Que tenemos que seguir repartiendo regalos por toda España. Que de esta zona, ya se encarga el Olentzero y Mari Domingi. Subamos que todavía nos esperan muchos niños en el mundo. Y la noche cada vez se hace más corta.

Tras dejar los regalos en cada uno de los hogares de España, prosiguieron con su misión visitando cada uno de los hogares del continente Africano. Para saltar a las islas Canarias y de ahí, pusieron rumbo hacia al último continente de su recorrido.

Una vez visitado las casas, y hogares del continente Americano. Agotados, pero felices de haber repartido la alegría en cada de los hogares del globo terráqueo. Regresaron a la Ponia, donde les esperaban los Elfos, que vitoreaban con ambiente festivo la llegada de Papa Noel, y sus dos acompañantes, al verles aparecer a lo lejos, dejando atrás la estela del alba.

Una vez disfrutado del recibimiento, al calor del hogar, y un chocolate, que había preparado la mujer de Papa Noel. Este le dijo a la niña, que se calentaba las manos, colocando los dedos sobre la taza caliente-Tengo que darte las gracias Izaskun, sin tu ayuda, seguramente, no hubiera podido visitar la mitad de los hogares. – Dijo Papa Noel, mientras la pasaba su mano tiernamente por la cabeza.- Gracias a ti, Papa Noel, por haberme elegido para acompañarte. Hoy he aprendido, que hacer el bien. Es el regalo más bonito que puedes recibir. Siento como mi corazón brilla y salta de alegría. – Sabía que podía confiar en ti. Como también sabía, que no me confundiría… Que tenías un corazón hermoso y solidario… Y es por eso, por lo que te mande a buscar, Izaskun. Y tu felicidad, me hace increíblemente feliz a mí. Y aunque me alegro de tu felicidad, quiero que sepas que no hay mejor regalo, que la sensación que recorre por el cuerpo a las personas cuando hacen el bien. Y ver a los demás felices. Por eso, por tu trabajo, por tu amor… Me gustaría hacerte un regalo muy especial, para que recuerdes durante toda tu vida, esta noche. – Le dijo Papa Noel, poniendo sobre las manos de Izaskun una caja diminuta. -Gracias acertó a decir la niña, con la voz quebrada. Mientras le abrazaba y se quedaba dormida entre sus brazos.

Tras los agujeros que quedan abiertos entre las persianas, comenzaron a pintarse las primeras luces del alba en la habitación de Izaskun. Que abrió los ojos lentamente, para dejar que la luz también pintara de color su cara. Observó que tenía una caja en la mano en el momento qué su madre abrió la puerta de su cuarto. -Buenos días, cariño. Feliz Navidad. ¡! Buenos días, mamá ¡! ¡Feliz Navidad! -Dijo Izaskun mientras tiraba las sábanas hacia atrás y salía de la cama sin posar los pies en el suelo, en dirección al salón.

Al ver la cara de felicidad de sus abuelos, su padre, su madre y su hermano abriendo sus respectivos paquetes. Y ver la caja, que tenía en su mano. Se dio cuenta, que no había sido un sueño. Que había estado toda la noche con Papa Noel, recorriendo y llevando la felicidad a las casas de los 6 continentes. Si, existía Papa Noel.  ! ¡Era real ¡Cómo lo era la caja que tenía en su mano! Como las aventuras que contaba su abuelo. – “No hay mejor regalo que la sensación que recorre por el cuerpo a las personas cuando hacen el bien. Y ver a los demás felices” Sonaban en su mente las palabras de Papa Noel.

Y con una sonrisa que reflejaba la felicidad que sentía en su alma. Se acercó a abrir su regalo, nerviosa. Tras quitar el papel, y abrir la cinta que envolvía la caja. Comprobando que en el interior, esta vez, sí se había merecido, su regalo. Dentro había un bonito balón, que contenía la firma de todas las jugadoras dela selección española de fútbol. Que habían sido campeonas del mundo.

Sé, que no podéis dejar de pensar, jeejejej. Que contenía la caja que me entrego Papa Noel, antes de regresar a mi habitación, mientras tomaba el chocolate en la Ponia. La misma que tenía en mi mano cuando despertó en mi cama. Pues os diré curiosillos, que la caja contenía una bola de cristal. Y dentro de ella, estamos Papa Noel, Elf, y una servidora, subidos sobre el trineo, pasando justamente, por encima de mi pueblo, a la vez que la nieve cae sobre nuestras cabezas.

Valentín Ancín ©